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Jaume Sol, padre de un chico con experiencia en TCA

«Admiro profundamente la fuerza y ​capacidad de superación de mi hijo»

Jaume y su hijo Marc.
Jaume y su hijo Marc.

Cuando diagnosticaron al hijo de Jaume, Marc, con un trastorno de la conducta alimentaria (TCA), cuando tenía quince años y en plena pandemia por la COVID19, fue un golpe durísimo para toda la familia. Aunque había indicios de que algo no iba del todo bien, éste fue el inicio de un proceso largo, exigente y transformador.

Marc, deportista, estudioso y perfeccionista, empezó a cambiar sin que la familia pudiera interpretar el alcance de estos primeros síntomas: un aislamiento progresivo, ejercicio compulsivo siguiendo tutoriales en redes sociales, pérdida de peso, sólo una comida al día, bajo rendimiento deportivo y un nivel de autoexigencia que le colapsó.

Aunque han pasado cinco años, Jaume recuerda perfectamente un hecho significativo que les hizo darse cuenta del dolor que Marc tenía en su interior por la muerte de su hermana Jana cuando tenía dos años y medio, una tragedia que le había marcado profundamente: «En la escuela escribió un cuento en el que el protagonista, que era él, sufría un accidente, entraba en estado de coma y se reencontraba con su hermana Jana. Allí saltó una alarma», nos cuenta rememorando ese episodio.

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El momento más duro: el ingreso y la separación

Estas primeras señales se agravaron poco a poco. Cuando vieron que dejaba de ir a clase, que sólo quería dormir, que reaccionaba con impulsividad y agresividad y que su salud física empezaba a estar en riesgo, la familia entendió que no podía continuar. «Tenía un monstruo dentro que le atacaba y al que no podía combatir solo», describe Jaume. Ese momento fue un punto de inflexión, un «golpe de realidad» que les empujó a buscar ayuda especializada. Pese al miedo y desconcierto, entendieron que su hijo necesitaba un ingreso urgente.

Fueron tres meses de aislamiento, de normas estrictas, pautas alimentarias difíciles y un tratamiento intensivo que, aunque era necesario, nos generaba un profundo sufrimiento.

El ingreso de Marc en la Unidad de recuperación psiquiátrica infantil fue, para este padre, un momento muy duro. Recuerda perfectamente el momento de despedirse e irse a casa sin él: «Estábamos muy asustados, nos íbamos a casa y dejábamos a nuestro hijo allí, sin saber cuál sería el siguiente paso». Fueron tres meses de aislamiento, de normas estrictas, pautas alimentarias difíciles y un tratamiento intensivo que, siendo necesario, les generaba un profundo sufrimiento: «Veíamos a nuestro hijo muy cambiado, supongo que por la medicación que en ese momento necesitaba, pero pensamos que le habíamos perdido para siempre, que ya no volvería a ser la misma persona».

La unión familiar: la mejor herramienta de resistencia

Afrontar un trastorno alimentario sacudió a toda la familia, y también a la pareja. Pero Jaume está seguro de que «el trabajo emocional que habíamos hecho años atrás con el duro golpe de la muerte de nuestra hija nos dio herramientas para sostener otro proceso doloroso sin rompernos».

Cuando Marc volvió a casa, el miedo a la recaída era constante. En un hogar con tres hijos adolescentes, la hora de las comidas se convirtió en el centro del día y, a su vez, en el principal campo de batalla. La familia entera siguió las pautas alimentarias y los menús calóricos. Jaume reconoce que «había momentos de tensión, sobre todo con su madre, pero siempre tuvimos claro que teníamos que mantenernos unidos». Los hermanos también fueron un apoyo clave en todo este tiempo, y la unidad familiar se convirtió en la mejor herramienta de resistencia.

El vínculo con mi hijo ha salido reforzado. Siento una gran admiración por él, por su espíritu de superación, su esfuerzo y su valentía.

La ayuda de los profesionales fue también esencial para sostener el proceso. Las terapias individuales, familiares y grupales fueron fundamentales: «Compartir con otros padres fue muy sanador. Sobre todo para nosotros, los hombres, que a menudo no sabemos dónde colocar ese dolor y nos cuesta especialmente expresar y compartir con otras personas que pasan por la misma situación». Por eso, anima a otros padres a perder el miedo a abrirse y a pedir ayuda.

Consciente de que «las madres suelen asumir el rol principal de cuidadoras», Jaume intentó romper esta dinámica para que el peso de todo el proceso fuera equitativo, reorganizando horarios y destinando todas las vacaciones del año a estar presente en las visitas, terapias y desplazamientos. Fueron muchas horas, muchas conversaciones, momentos tensos y complicados, retos nuevos todos los días… Pero todo ha merecido la pena, según este padre orgulloso de su familia: «Nos lo hemos trabajado mucho. Ha sido duro, pero juntos lo hemos logrado».

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La relación actual: un vínculo reforzado

Han pasado cinco años y Marc ha ido encontrando su propio camino. El dibujo y la escritura se han convertido en refugios creativos que le han ayudado a reconstruirse. Hoy estudia diseño en la universidad y está plenamente centrado en esta vocación.

«Transitar un proceso como éste te hace dar importancia a las cosas esenciales y, por tanto, aprendes a vivir plenamente valorando el hecho de estar vivos y tener salud», afirma Jaume, quien piensa también que el vínculo con su hijo ha salido reforzado. Y no sólo eso, sino que confiesa que siente una gran admiración por él: «He aprendido mucho de él: de su espíritu de superación, de su esfuerzo y su valentía. De hecho, a menudo, ante una situación cotidiana en la que no sé qué hacer pienso: "¿qué haría Marc?". Se ha convertido en un referente para mí».
 

Este contenido no sustituye la labor de los equipos profesionales de la salud. Si piensas que necesitas ayuda, consulta con tu profesional de referencia.
Publicación: 15 de Abril de 2026
Última modificación: 17 de Abril de 2026

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Jaume Sol nos comparte su vivencia como padre de un chico que tuvo una anorexia nerviosa en plena adolescencia. ¿Qué señales detectó cuando el trastorno alimentario empezaba a hacer acto de presencia? ¿Cómo lo abordaron con su hijo? ¿Cómo fue el proceso de recuperación y cómo impactó en toda la familia?

Este padre, orgulloso de cómo la unidad familiar pudo sostener y ser un pilar fundamental para afrontar esta situación, aconseja a todos los hombres que pasan por un momento parecido que participen en grupos de ayuda, que expresen su dolor y que estén presentes en la recuperación de sus hijos e hijas. Ahora, cinco años después de esos primeros momentos de desconcierto, Jaume asegura que ha aprendido mucho de su hijo, que se ha convertido en todo un referente de fortaleza para él.